Cuanto más soy, menos quiero tener.

Hace un par de meses, mi padre me trajo un libro a casa. Biografía del Silencio, de Pablo d’Ors. Un pequeño gran regalo. Lo dejé encima de la mesita del salón, junto a otros libros que tengo entre manos. Y aunque lo he visto cada día desde entonces, no había sentido el impulso de agarrarlo en ningún momento. Hasta la semana pasada.

Lo empecé en el AVE camino a Madrid. Y lo devoré. No precisamente por leerlo rápido, de hecho tardé mucho más de lo que un libro de 110 páginas me haría pensar, si no por la cantidad de cosas que me estaba aportando el tenerlo abierto entre las manos.

Leer. Parar. Volver a leer y volver a parar. Parar para interiorizar. Para verme reflejado en sus palabras. Y volver a leer. Y a parar. Esa es la crónica de mi lectura de ese libro. Y una de las pausas más largas fue provocada por una frase: “cuanto menos somos, más queremos tener”.

En un primer momento, me vino a la cabeza mi minimalismo en cuanto al consumo, práctica que realizo con sobrados beneficios desde hace algo más de un año. Desde entonces, no compro nada que no necesite de verdad. Y en este tiempo me he dado cuenta de que, en realidad, necesito de verdad muy pocas cosas. Pero… ¡Qué manía tiene nuestra cabeza de traernos siempre en primer lugar todo aquello relacionado con lo material! Nos la intenta colar a la primera de cambio.

Y en un instante, mi mente saltó a otro terreno. Y me giró la frase. “Cuanto más soy, menos quiero tener”. Y me invadió de repente una maravillosa sensación de bienestar. Me di cuenta de que cada vez hay en mí menos necesidad de “tener”, entendiendo ese “tener” como “poseer”, y más necesidad de “ser”. Sentí que realmente son conceptos que están estrechamente ligados y de manera directamente proporcional.

Cuanto más me permito ser yo en esencia (y conecto con mi corazón) y menos me dejo influir por mi ego… Menos necesito la posesión. Y no la material. Menos necesito poseer a mis amigxs. Menos necesito poseer una pareja. Menos necesito poseerme siquiera a mí mismo y tener el control total y ciertos niveles elevados de seguridad en mi vida. Menos entiendo de pertenencias. Y menos quiero entender.

Sólo necesito dejarme ser. Permitirme reconectar conmigo mismo y quedarme ahí. Y respirar. Y entender que no necesito nada más que eso para estar bien.

Joan

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