Si no te paras, la vida te para.

Durante prácticamente toda mi vida de adulta he sido esclava del tiempo. Hace unos años solía decir, que mi vida era como un circo de siete pistas: niños, casa, trabajo, familia, amigos, yo?… creo que esa parte siempre estaba al final de la lista y rara era la ocasión en que el tiempo era tan elástico. Lo peor, es que aunque de vez en cuando me quejaba, ni siquiera era consciente de que ese ritmo de vida no era sostenible y que se puede vivir de otro modo.

Si no te paras, la vida te para y a mi me paró de golpe. Un tumor en la tiroides, me obligó a vivir con la energía de una persona de 90 años durante algunos meses. Levantarse de la cama era todo una reto, como si mi cuerpo pesara toneladas o me hubieran pegado a la cama con cola de impacto durante la noche. Recuerdo que de buena mañana estaba tan cansada, que para cepillarme los dientes me sentaba en la taza del WC.

Ese fue el primer aviso. Modifiqué algunos hábitos, incorporé rutinas más saludables y aparentemente la situación mejoró. Aunque en ocasiones la vida nos arrastra y si no somos conscientes de ello, volvemos donde empezamos. Así que de nuevo, al cabo de unos años, un segundo tumor me volvió a parar. Esta vez los cambios fueron mucho más drásticos.

Decidí vivir en modo slowly; de hecho lo decido cada día, pues en muchas ocasiones las circunstancias de la vida me vuelven a poner en modo running y lo único que me permite parar, es ser consciente de ello y elegir bajar ritmo.

Ayer hablaba con una amiga a la que han realizado una pequeña intervención de corazón. Ella también va en modo “running” por la vida y me decía – Una de las cosas que más me cuesta es hablar despacio- Yo recordé esa sensación, cuando la velocidad de la mente es tal que las palabras se amontonan y se atropellan para salir.

Lo cierto es que se puede aprender a parar la mente, la meditación y el mindfulness han sido grandes herramientas para mi. Aunque en ocasiones podemos volver a las andadas.

Hace unos días tuve en casa a unos invitados muy especiales, lo que implica romper el ritmo habitual e incorporar muchas otras actividades. Queríamos hacer todo, disfrutar de un largo desayuno, aprovechar el día al máximo, hacer varias visitas a sitios emblemáticos. Uno de los últimos días, cuando salíamos de casa, mi amiga me dice – Run baby run – No me lo podía creer, era yo de nuevo en modo running!

Aquella tarde tras acompañarlos a la estación, decidí parar, hacer una meditación y recuperar mi ritmo slowly. Le envié un e-mail y al recibirlo éstas fueron sus palabras:

“Qué bonito mail Piluca!! Suenas a paz!

Te imagino sentada en tu butaca, mirando al Tibidabo, viendo la luz apagarse con Wanda a tu lado y escribiendo tranquilamente. Me ha encantado todo lo que has dicho. Desde el principio hasta el final y te confirmo algo: después de cada encuentro yo también me quedo con esa mezcla de alegría y nostalgia.”

Sentí una gran paz en mi interior, volvía a estar en modo slowly y todo se veía distinto. Atrás quedaba el modo running, consciente de que en cualquier momento alguna que otra circunstancia podría llevarme de nuevo allí. Aunque ahora ya sé como regresar y cada vez estoy más tiempo aquí. Viviendo en modo slowly.